Lloviendo con Sol

Hace años un familiar procedente de Estados Unidos nos visitaba por primera vez en nuestra amada isla. Quedó maravillada y sorprendida cuando al salir del aeropuerto en ruta hacia nuestro hogar comenzó a llover, pero aún así el sol brillaba. “Oh my god I can’t believe it” How it’s possible? Traté de explicarle la maravilla de vivir en el trópico. Ella estaba acostumbrada a que se nublara por completo y que el cielo se oscureciera para que lloviera.

Sabemos que lo que sucede es que mientras las nubes se desplazan, el sol ilumina casi siempre desde cierto ángulo y no desde un ángulo recto que es el de la caída de la lluvia. Es sencillamente agua que cae desde las nubes, lo que significa que no necesariamente tienen que cubrir todo el cielo para caer, además el sol siempre estará por encima de las nubes todo el tiempo sin importar que llueva o no.

“A veces las nubes de nuestras preocupaciones eclipsan el sol momentáneamente el cual nunca deja de brillar”

¿Te ha pasado que has llorado, pero a la misma vez te ríes? A eso le llamo lloviendo con sol. Puedo estar llorando por alguna situación que me aflige, pero a la misma vez experimentando el gozo que produce la certeza de la Vida de Cristo en nosotros.

Los expertos de la conducta humana nos enseñan que el mundo emocional de un ser humano es bien complejo. ¿Quién no ha llorado en secreto? ¿Quién no ha sonreído en público cuando por dentro tiene el alma en pedazos?

Si bien es cierto que habrá momentos y situaciones en las que debemos disimular un dolor interior y hacernos fuertes para que ese dolor no nos paralice en todos los ámbitos de la vida, habrá momentos en que tendremos que reconocer nuestra fragilidad y debilidad.

“Siempre será necesario tener algún ámbito en el que podamos manifestar con total libertad ese dolor interno para poder exteriorizar esa tristeza interior que se hará mayor si la seguimos reprimiendo”

La biblia relata por lo menos tres ocasiones que Jesús lloró.

“Jesús lloró” – Juan 11:35 (RV60)

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella” – Lucas 19:41 RV60)

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” – Hebreos 5:17 (RV60)

Jesús lloró en la muerte de su amigo Lázaro. Lloró por la condición de la ciudad de Jerusalén. Lloró mientras oraba al Padre Eterno momentos antes de ser arrestado para la crucifixión.

“No es necesario llorar para Dios que escuche nuestras oraciones, pero mientras lo hacemos expresamos nuestras emociones al Dios que las creó”

A veces pretendemos buscar explicaciones teológicas a ciertos eventos bíblicos que perdemos lo valioso de la sencillez y la simpleza de poder entender solo lo que se relata. “Jesús lloró” no requiere un análisis exhaustivo, sino comprender que se nos permite llorar también.

“Llorar no es falta de fe, sino una expresión del alma”

Algunos sicólogos les llaman a las lágrimas producto del sollozo como resultado de un amplio espectro de emociones, las lágrimas psíquicas.

Podemos llorar por un dolor intenso, por tristeza o por felicidad. Hay evidencias de que dar una buena llorada tiene efectos positivos en la salud mental.

Habrá momentos que lloraremos, esa lluvia de lágrimas que derramaremos por las eventualidades, pero mientras reiremos porque nuestro Sol de Justicia que es Cristo Jesús sigue brillando, iluminándonos con sus rayos de ¡Gracia y Paz!

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